Duerme bien y amanece bella
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Duerme bien y amanece bella

El sueño mejora las condiciones físicas, síquicas y estéticas. Además, es uno de los mejores remedios para lograr una piel radiante.
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No cabe ninguna duda: todavía no se ha inventado ningún producto, terapia, técnica o medicamento capaz de reparar las fuerzas de un modo tan eficaz como dormir. Y es que además de ser un gran placer tiene tanta importancia como comer o respirar. De la misma forma que los trastornos alimenticios causan problemas de salud, las alteraciones del sueño pueden llevar al mismo camino. De hecho, éstas últimas provocan disminución de la memoria, concentración y atención, y también graves consecuencias físicas, entre ellas aumento de peso por un mal procesamiento de la glucosa y hasta sicológicas, como irritabilidad y depresión.

Cuando dormimos profundamente se produce una notable recuperación muscular: el reposo es absoluto, las frecuencias cardiaca y respiratoria disminuyen y la actividad eléctrica cerebral se hace más rítmica, lo que permite tanto al cerebro como al resto del organismo recobrar el equilibrio. En definitiva es un proceso reparador, esencial para la vida sana.

De hecho, pasamos durmiendo la tercera parte de la existencia y en esa etapa recuperamos las energías consumidas durante el tiempo que permanecemos despiertos. Pero además de ser una importante fuente de salud y bienestar dormir es también un excelente tratamiento de belleza. Según los especialistas, las personas que no descansan bien corren mayor riesgo de envejecimiento prematuro, ya que se reduce considerablemente la producción de la hormona del crecimiento, que en la edad adulta es responsable de la regeneración de las células.

Sin embargo, no hay que confundir cantidad con calidad. Cuando has disfrutado de un sueño placentero, a la mañana siguiente te levantas despejada, de buen humor y sin ojeras, mientras que una noche en la que te despiertas numerosas veces deja huellas en tu rostro. Cada vez que esto sucede, el cuerpo pasa del estado de reposo al de alerta, con lo que aumenta la producción de sustancias como la adrenalina o el cortisol. Esos vasoconstrictores incrementan la circulación de la sangre en los músculos pero la disminuyen en las regiones periféricas, por eso el rostro aparece demacrado por la mañana, con aspecto apagado. La cantidad de horas de sueño dependen de la edad y sobre todo de las necesidades de cada persona. Algunas mujeres requieren cuatro horas para amanecer frescas y despejadas, mientras que otras descansan siete y se levantan malhumoradas.

A pesar de la creencia general de que lo óptimo son ocho horas, recientes estudios revelan que a partir de los treinta y cinco años es mucho mejor hacerlo entre seis y siete. Quienes cumplen las reglas, opinan los expertos, viven más tiempo.

COSMÉTICA Y SUEÑO VAN DE LA MANO

Por la noche, los músculos de la cara se relajan y aumenta la producción de colágeno (proteína encargada del sostenimiento y la elasticidad de la piel). Durante este periodo prácticamente no existe liberación de radicales libres, moléculas que oxidan las células y aceleran el envejecimiento. En definitiva, no hay mejor cosmético que dormir profundamente. Sin embargo, aunque es fundamental para que la piel recupere su función protectora y repare los daños acumulados en el día, también es cierto que en la noche se produce un estrés osmótico en las células.

En otras palabras, liberan agua de su interior para suplir la que se evapora de la epidermis, un fenómeno que es mucho más rápido en esas horas. Por ello es necesario ayudar a la piel con productos específicos que hidraten y optimicen la actividad reparadora de las células mientras ocurre el descanso nocturno.

Fuente: http://www.feminis.com/notas/8829-Duerme-bien-y-amanece-bella

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